Noche de pánico en San Jerónimo, cuando El Junior bajó gritando y tirando balazos

 

Ricardo Castillo Díaz San Jerónimo

Sólo se asoman las moscas. Hay muchas. El zumbido aquí es lo único que se escucha. Y el olor. “Apesta a chuquía”, dice un sanjeronimense que se asoma a una de las casas donde cayó uno de los balaceados de esta absurda masacre. La puerta y las paredes, con la marca de los balazos. Todavía están salpicadas de sangre.

Son las 6 de la tarde y parece que el tiempo se detuvo. Pocos se pasean. Ni porque es domingo. Todos, casi el pueblo entero, está en el panteón. Es el sepelio de nueve de los 11 muertos de la sangrienta jornada del sábado.

Ese día, Óscar Flores López, El Junior, corrió. “Llevaba los ojos blancos, yo lo vi” dice un testigo que asegura que se salvó de milagro. “No sé cómo no me mató, si me pidió permiso para saltar por mi terreno, con la metralleta en alto y la mano ensangrentada”, recuerda el hombre empapado de sudor.

Primero, con cuchillo y machete en manos, destazó a su sobrinito, un bebé de 10 meses de nacido. Allí comenzó la matazón. El asesino corrió con una AR-15 que le arrebató a un policía, al que sometió a pedradas y al que dejó en el suelo herido de muerte rebanándole el cuello. Corrió de bajada en este cerro del Centro de San Jerónimo, donde vivía. Matando al que se le cruzaba en el camino. “Andaba como loco disparando”, recuerdan. “Una tragedia nunca antes vista”, dice el sacerdote José Luis Mendoza Sánchez.

Luego, los gritos. “¡Métanse, métanse!”, se escuchó entonces en cada esquina. Se azotaron las puertas y se cerraron candados. “Al suelo, todos al suelo”. Los niños se taparon los oídos con sus manitas. El pánico inundó las calles.

Han transcurrido las horas, pero hay que tocar puertas. Hoy nadie se asoma y los que lo hacen visten de negro. De las pocas que no fueron a los sepelios, una mujer asoma el chongo de su pelo y a su hijo en brazos. Detrás de la ventana, recuerda: “El Junior bajó gritando y tirando balazos”. Y entre disparo y disparo, gritaba: “Soy narcotraficante, soy narcotraficante”.

Cuenta la gente que más bien “era un mariguano”. Nadie sabe a qué se dedicaba, porque sólo se le veía con la banda, como le llaman a la bolita que formaban sus cuates. Eso sí, algunos saben que un tiempo fue militar.

A estas alturas y con más de diez muertos en la bolsa, el tipo ya es una leyenda. Dicen que El Junior se vino huyendo de Tijuana “porque mató a dos”, aunque hay quienes afirman que allá asesinó a siete. Estos, más cinco muertos que el vulgo le adjudica en Zihuatanejo y tres en Petatlán.

Y eso que era “un muchacho tranquilo”. Al menos para una anciana que con una gastada toallita se espanta los zancudos afuera de su casa. A ella la saludaba, cada vez que pasaba. “Buenas tardes señora, buenas tardes muchacho, pero nada más, imagínese usted ¿quién se iba a imaginar lo que iba a hacer algún día?”, dice sorprendida la viejecita.

A otros no les extraña. “Cuando andaba mariguano él luego decía que soñaba que mataba a mucha gente”, cuenta una de sus vecinas mientras se escucha el canto de los gallos.

A unos pasos de aquí está su casa. Muda, abandonada. Obra negra de tabiques rojos, con retazos de tela como puertas. Terreno pequeño que también alberga un cuartito de madera con techo de lámina de cartón. Y una palmera que la cuida.

Unos dicen que su familia huyó. Hasta se afirma que la madre del multihomicida no quiso reclamar su cuerpo, que según se sabe, fue llevado al Semefo de Acapulco.

“A mí ya me había encarado”, recuerda el hombre sudado que dice que corrió con suerte el día de la masacre. “Una vez me dijo que no le gustaba que la gente lo viera feo”. Le da un largo trago a una Fanta roja. “Mira, me dijo, a mí me han dicho que tú eres chingón, pero yo soy más chingón que tú”.

El hombre se queda con un paisano al que le cuenta otra vez su versión. Va uno bajando a la plaza central, que de nuevo se comienza a poblar. Los que salen lo hacen cabizbajos. Caminan callados. El temor.

Unas cuadras abajo, la leyenda y el miedo colectivo dicen ahora que el desquiciado sigue vivo.

Que hizo “pacto con el diablo” y que resistió los balazos de los policías, que según la versión oficial le quitaron la vida.

Que aguantó los cuchillazos con los que supuestamente se suicidó.

Que le quedaron las tripas de fuera y que al descubrírselas todavía se carcajeó.

Que guardó una bala y creen que en cualquier momento puede regresar.


 

Once muertos, entre ellos cuatro niños, dejó presunto drogado en el centro de San Jerónimo

Después de una hora de deambular por calles céntricas de la ciudad costeña, disparando con un AR-15 a todos los que encontró en su camino, a Óscar Flores López, de 23 años, lo mató de un balazo un policía federal de caminos. Sitiaron el Zócalo la noche del sábado patrullas de la preventiva de San Jerónimo, de Atoyac, de Tecpan, dos convoyes de la 27 zona militar; una patrulla de la 13 Cinco; cuatro de PFP, 14 policías ministeriales y ciudadanos con sus propias armas, para intentar detener al multihomicida

 

Daniel Velázquez Olea y Francisco Magaña San Jerónimo

Un joven de 23 años de edad, presumiblemente drogado, Óscar Flores López, a quien le decían Júnior mató a 11 personas, entre ellos cuatro menores de edad, hirió a dos más y finalmente fue asesinado por un policía de la Federal Preventiva de caminos que intentó detenerlo.

Entre las víctimas se encuentran dos familias completas, un funcionario del Ayuntamiento y su propio sobrino, un niño de 10 meses de edad.

Los asesinatos ocurrieron este sábado de manera contínua desde las 9:50 hasta las 11 de la noche en las calles aledañas a la plaza Juárez –el Zócalo de San Jerónimo, en la Costa Grande–.

Las víctimas son: Omar García Cruz de 17 años, el doctor Ricardo Jiménez Arellano de 48 años; el subdirector de Desarrollo Rural del Ayuntamiento y suplente del alcalde, José Manuel Gómez del Río y su esposa Yolanda Valdeolívar Carranza.

También asesinó al matrimonio formado por María del Rocío Reyes Ibarra de 41 años, Juan Anselmo Rosales Gaspar de 47 años y su hijo Javier Michelle Rosales Reyes de 15 años.

Humberto Flores Ruiz, de 10 meses de edad, Roberto Vallejo de 55 años, Leonarda Navarrete Saligán de 47 años, Alan Camacho Navarrete de 3 años.

Los heridos son Silvia Argentina Gómez Valdeolívar internada en el hospital general de Acapulco y el policía Ezequiel Mendoza Mateo internado en una clínica particular de San Jerónimo.

La policía Preventiva de San Jerónimo después de que no pudo detener al homicida solicitó el apoyo de otras fuerzas policiales.

A San Jerónimo llegaron una patrulla de la policía Preventiva de Atoyac con 10 policías; una patrulla de la policía Preventiva de Tecpan con 10 policías; dos convoyes de la 27 zona militar; una patrulla de la 13 Cinco; cuatro patrullas de la Policía Federal Preventiva, sector caminos, 14 policías ministeriales y también participaron ciudadanos con sus propias armas.

Según el reporte policial de la Preventiva de San Jerónimo, a las 9:50 de la noche recibieron una llama de Claudia Guadalupe –sin apellidos– en la que pedía auxilio porque su cuñado había atacado a su hijo de 10 meses de edad.

De acuerdo con las versiones, Óscar Flores López levantó al niño de la cuna donde dormía le cortó la garganta con un cuchillo de taquero y también le cercenó las piernas.

Cuando los policías llegaron al domicilio, el homicida atacó con una piedra al segundo comandante Ezequiel Mendoza, le dio dos cuchilladas y le arrebató el AR-15 que llevaba.

Los policías que lo acompañaban intentaron dispararle a Óscar Flores pero sus armas no funcionaron, según relata el boletín enviado por el gobierno del estado.

El policía permanece internado en una clínica particular de San Jerónimo.

Después de esto, el asesino que vestía sólo una bermuda color negro bajó por la calle Educación y ahí disparó el arma AR-15 contra la familia de María del Rocío Reyes Ibarra de 41 años, Juan Anselmo Rosales Gaspar de 47 años y su hijo Javier Michelle Rosales Reyes de 15 años, que estaban afuera de su casa.

Óscar Flores continuó bajando por la calle, y en la contraesquina trasera de la iglesia del Santuario de San José, en la calle Recreo, volvió a disparar el AR-15, esta vez contra el subdirector de Desarrollo Rural del Ayuntamiento y suplente del alcalde, José Manuel Gómez del Río, su esposa Yolanda Valdeolívar Carranza que resultaron muertos y su hija Selva Argentina Gómez Valdeolívar que está herida e internada en el Hospital General de Acapulco.

De acuerdo a los testimonios obtenidos por los vecinos, cuando escucharon las detonaciones prefirieron quedarse en casa, pero el doctor Ricardo Jiménez Arellano de 48 años, propietario del conocido sanatorio San José salió de su clínica ubicada en calle Recreo a ver lo que sucedía y se encontró con el homicida quien le disparó y continúo su transitar por las calles del centro de San Jerónimo.

El Junior, como lo apodaban, caminó por la calle Galeana, a un costado de la plaza principal y cerca del mercado se encontró con el joven Omar García de la Cruz a quien también le disparó y mató. 

Después siguió por Francisco I. Madero, y en la esquina con Nicolás Bravo, se acercó a la puerta del señor Roberto Vallejo de 55 años de edad, quien descansaba en una hamaca y le disparó tres balazos.

Siguió por la misma vía hasta llegar a la calle Victoria, en el umbral de la puerta de su casa estaba Leonarda Navarrete Saligán de 47 años junto a su hijo Alan Camacho Navarrete de 3 años.

A ella le disparó en una ocasión y al pequeño lo golpeó con la culata del arma; los dos murieron.

El homicida continuó deambulando por la zona conocida como El Huizache, y en la esquina de la calle Vicente Guerrero y Álvarez se bañó en una pileta con agua.

Después, los vecinos dicen que lo vieron pasar hacia las huertas, donde se desvistió y abandonó el arma.

Para ese entonces contó el director de la Policía Preventiva de San Jerónimo ya habían llegado refuerzos y el Zócalo estaba rodeado.

Pero a Óscar Flores López lo detuvieron en un callejón, en un lugar al que le llaman El Alto, atrás del centro de salud, por donde caminaba desnudo, dicen que iba de regreso a su casa, un policía de la Federal Preventiva de caminos le disparó y lo mató.

El cuerpo del multihomicida fue trasladado al Semefo de Acapulco.

Al medio día del domingo el alcalde de San Jerónimo, Jaime Torreblanca García, ofreció una conferencia de prensa donde informó lo sucedido.

Durante el día atendió llamadas del gobernador del estado, Zeferino Torreblanca Galindo; el procurador del estado, Eduardo Murueta Urrutia, y la secretaria de Desarrollo Social, Gloria Sierra López.


 

El Júnior hace pocos días regresó de EU, dice un boletín del gobierno del estado

 

Según los primeros resultados de la necropsia practicada en el Semefo de Acapulco al multihomicida de San Jerónimo, Óscar Flores, El Junior, éste se encontraba intoxicado con enervantes, y de acuerdo con versiones de los lugareños, tenía pocos días de haber regresado de Estados Unidos, informó el gobierno del estado en un boletín de prensa, con algunas imprecisiones.

Dijo que según las primeas indagatorias, este sábado a las 22:50 horas, la policía municipal de San Jerónimo de Juárez recibió una llamada en la que se les informó que en la colonia Loma Bonita, de esa cabecera municipal, se encontraba un individuo completamente desnudo, por lo que dos policías se trasladaron a ese lugar.

A su llegada a la colonia Loma Bonita, los elementos de seguridad se percataron de que Oscar Flores Eliseo (a) El Junior, de 22 años, golpeaba a un menor de escasos 4 años, y al intervenir, el agresor sorprendió a uno de los elementos a quien le dio 2 puñaladas y le arrebató un arma AR-15.

En tanto, el otro policía intentó cortar cartucho, sin lograr que su arma funcionara, por lo que huyó del lugar, siendo perseguido por Óscar Flores Eliseo, quien comenzó a disparar a toda persona que se encontraba a su paso, resultando ocho personas muertas al instante y posteriormente, por las heridas ocasionadas, fallecieron tres más.

Las personas que murieron trágicamente en estos acontecimientos son Omar García de 17 años de edad, Ricardo Jiménez Arellano de 43 años de edad, Yolanda Valdeolívar Carranza de 43 años, Eva María del Rocío Ibarra de 45 años, Juan Antonio Rosales Gaspar de 47 años y Humberto Flores Ruiz de 10 años (aunque testimonios de familiares y vecinos dicen que era un bebé de 10 meses).

Asimismo, Roberto Vallejo de 48 años, Leobarda Navarrete Saligán de 50 años, José Manuel Gómez del Río de 55 años quien se desempeñaba como director de Desarrollo Rural del Ayuntamiento y era el suplente del alcalde, Jesús Michelle Rosales Reyes de 15 años, y Juan Antelmo Rosales Gaspar de 47 años (nombre repetido por Juan Anselmo en el boletín oficial que omite el nombre de Alan Camacho Navarrete de 3 años).

Posteriormente, en una acción conjunta de la Policía Investigadora Ministerial, la Preventiva Municipal y la Policía del Estado, persiguieron a Óscar Flores Eliseo, quien al verse acorralado se enfrentó a los elementos policiacos, quienes respondieron dándole muerte.

En otro boletín se informó que el gobernador Zeferino Torreblanca condenó los hechos, expresó a los familiares de las víctimas su más sentido pésame, ante acciones  reprobables que afectan la tranquilidad de los pobladores de esa localidad de la Costa Grande.

Dijo el mandatario estatal que se trató de una persona desquiciada por los efectos de una droga.

Por otro lado, manifestó que su gobierno continuará realizando acciones y programas que permitan ofrecer a los guerrerenses mayor seguridad en sus lugares de origen.